
Si quisieras oír la tristeza de estos ojos de hiel
Te sentaría sobre una montaña llena de nubes y pajas
Y te haría dormir sin conciencia, lejos de tu cuartel.
Tomaría tus manos de lejos
Para que pudieras sentir el vacío
Para que así tocaras la nada
La nada de mi aliento prófugo.
La tierra no perdona juventud
Pues juventud también es experiencia.
Si lo quisieras, te haría pasar por mi memoria para que conocieras mis paisajes
Y no juzgues de paranoia
La verdad de esta joven muerte.
Mis días, que se van como agua
Los pondría en el confín de tu boca
Para que pruebes el trago amargo
Con el que yo vivo cada hora.
Desvestiría tus oídos mentidos
De monotonía y razones viejas
Haría todo lo que hay en mis manos
Para que de cerca me comprendieras.
No, no es mi intención buscar tu consuelo
Solo busco compartir contigo
El silencio con el que vivo siempre
Esta constante, mi único testigo.
Pero si esto no te mostrara ni un poco mis sentimientos
Te daría mi último beso
Y después de todo te despertaría.
No es tu culpa el veneno humano
Ni el ardor de esta melancolía
Pues aunque tú ya lo sepas, es en vano
Pues es sólo a mí, a mí ángel de dios, a quien hace daño.
Es mi reflejo el que se opaca con la lluvia
Es sólo mi rastro pálido el que se pierde entre multitudes
Las multitudes que en mí se pierden.
La tierra se vuelve áspera
Cuando no es el clima apropiado
Y aquí se resuelve el dilema de todo lo que he contado.
Cada tiempo se muda de ropa
Y es piel nueva la que sientes aquí abajo
¡Confía!
Es lo que resta decirte
Y decirme.
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